

Es el bajorrelieve de la duda de Santo Tomás en el claustro del Monasterio de Santo Domingo de Silos.
Según el evangelio de San Juan 20:24-29, Tomás dice "Si no veo en sus manos la señal de los clavos y meto mi dedo en el lugar de los clavos, y meto mi mano en su costado, no creeré." Ocho días después, Jesús se aparece a los apóstoles y Tomás toca con sus propias manos las heridas de Jesús en las manos y en su costado. Jesús le recrimina haber necesitado ver para creer. Es el más conocido de todos los episodios evangélicos relacionados con el apóstol Tomás.
Otros episodios de la vida de Cristo aparecen el los pilares de las esquinas del claustro bajo del monasterio de Silos; por ejemplo, el Descendimiento, la Resurrección, la venida del Espíritu Santo, etc. Son ocho grandes losas encastradas en el muro, enmarcadas por dos finas columnas rematadas en capitel corintio y arco de medio punto.
El abad Fortunio consagró la Iglesia y el claustro en el 1088 bajo los auspicios de Santo Domingo - a quien años más tarde se consagró el convento- y del rey Fernando I de Castilla.